viernes, 15 de octubre de 2021

INICIATIVA: Léeme un Cuento - Un Juguete Para Juliette

 


Buenas y escalofriantes noches del mes de octubre 🎃 mes que festejamos Halloween y como muchos sabrán Plegarias en la Noche siempre espera este festejo con mucha ilusión, por eso se me ocurrió que este año salga sus típicos cuentos de terror de los viernes por la noche a otros espacio, así que les cuento un poco de que va esta iniciativa de “Léeme un Cuento”.

 



Es muy simple todos los viernes de octubre a las 22 hs de su país publicar un cuento de terror, pueden publicarlo escrito o con un vídeo leyéndolo,  puede ser de su autoría o de algún autor que les guste (no se olviden de mencionar de quien pertenece), llevando por supuesto el Banner de la iniciativa y nombrando a Plegarias en la Noche, para que más bloggers quieran participar y llenemos este hermoso espacio en un lugar terrorífico 💀



Espero que se animen así mientras vamos por sus espacio a pedir dulce también nos llevamos un buen susto 👻


Un Juguete Para Juliette



Autor: Robert Bloch 


Juliette entró en su dormitorio, sonriendo, y un millar de Juliettes le devolvieron la sonrisa. Porque todas las paredes estaban cubiertas con espejos, y el techo estaba formado por paneles empotrados que reflejaban su imagen. Por todos lados donde mirara podía ver los rubios rizos que enmarcaban unos rasgos llenos de sensibilidad.

 

Pero Juliette no se sonreía a sí misma. Sonreía debido a que sabía que el Abuelo estaba de vuelta y le habría traído otro juguete. Dentro de unos momentos sería descontaminado y se lo entregaría, y deseaba estar preparada.

 

Juliette giró el anillo en su dedo y los espejos se oscurecieron. Otro giro oscurecería enteramente la habitación; un giro en sentido contrario y los espejos volverían a brillar. Todo era cuestión de elegir, pero ése era el secreto de la vida. Elegir, por el puro placer de hacerlo.




¿Y qué le complacía hacer esta noche?

 

Juliette avanzó hacia uno de los paneles de espejo y pasó su mano ante él. El cristal se deslizó hacia un lado, revelando una hornacina tras él; una abertura en forma de ataúd excavada en la roca sólida, con el dispositivo situado a su altura correspondiente. Vaciló un momento; no había jugado a ese juego desde hacía años.

 

Otra vez, Juliette agitó su mano y el espejo se deslizó, cubriendo de nuevo la abertura. Erró lentamente a lo largo de la hilera de paneles, haciendo gestos a medida que andaba, deteniéndose para inspeccionar uno tras otro lo que había detrás de los espejos.

 

Allí estaba el potro y el resto de los instrumentos: la mesa de disección, con cientos de años de antigüedad y sus exóticos mecanismos. Tras el siguiente panel, los cables y electrodos que producían esas muecas tan extrañas, por no hablar de los gritos. Por supuesto, los gritos no importaban en una habitación a prueba de ruidos.

 

Se dirigió hacia la pared lateral y agitó de nuevo su mano; el obediente cristal se deslizó a un lado, y se quedó contemplando un juguete que casi había olvidado. Era una de las primeras cosas que el Abuelo le había traído, y era muy vieja, parecida a la caja de una momia. ¿Cómo la había llamado? Ah, sí: la Doncella de Hierro de Nuremberg, eso era; con las afiladas púas de acero llenando la tapa por su interior. Tenías que ir con mucho cuidado al usarla, para no arruinar demasiado rápido la diversión.

 

El Abuelo le había enseñado cómo funcionaba, la primera vez que le había traído un juguete realmente vivo. Y luego, el Abuelo se lo había mostrado todo. Le había enseñado todo lo que sabía, puesto que era muy sabio. Incluso le había dado su nombre sacándolo de uno de los viejos libros impresos que había descubierto escritos por el filósofo De Sade.

 

El Abuelo le había traído libros del Pasado, al igual que le había traído los juguetes. Era el único que tenía acceso al Pasado, puesto que era el dueño del Viajero.

 

El Viajero era un mecanismo muy ingenioso, capaz de alcanzar las frecuencias vibratorias que lo liberaban de los lazos del tiempo. En reposo, era simplemente un artefacto parecido a una gran caja cúbica, del tamaño de una habitación pequeña. Pero cuando el Abuelo accionaba los controles y se iniciaba la oscilación, la caja se volvía borrosa y desaparecía. Estaba todavía allí, decía el Abuelo —al menos la matriz permanecía allí, como un punto fijo en el espacio y en el tiempo—, pero cualquier cosa o cualquier persona que estuvieran dentro del cubo podía moverse libremente por el Pasado.

 

Por supuesto eran invisibles cuando llegaban allí, pero en realidad eso constituía una ventaja, particularmente cuando se quería encontrar cosas y traerlas. El Abuelo había traído algunos objetos realmente interesantes desde lugares casi míticos —la gran biblioteca de Alejandría, la Pirámide de Keops, el Kremlin, el Vaticano, Fort Knox—, todos los lugares donde estaban almacenados los tesoros y el conocimiento que había existido hada miles de años.

 

Le gustaba ir a esa parte del Pasado, el período antes de las guerras termonucleares, y coleccionar cosas. Naturalmente, los libros, las joyas y los metales no tenían utilidad, excepto para un anticuario, pero el Abuelo era un romántico y le gustaban los viejos tiempos.

 

Era extraño pensar en él como en el dueño del Viajero, pero por supuesto él no había sido su creador. El padre de Juliette era quien lo había construido realmente, y el Abuelo tomó posesión de él después de que su padre muriera. Juliette sospechaba que el Abuelo había matado a su padre y a su madre cuando ella era todavía un bebé, pero nunca había podido estar segura de ello. Tampoco importaba; el Abuelo era siempre muy bueno con ella, y además, pronto iba a morirse, y entonces ella sería la dueña del Viajero.

 

Acostumbraban a bromear frecuentemente sobre ello.

 

—He hecho de ti un monstruo —decía el Abuelo—. Y algún día tú terminarás destruyéndome. Tras lo cual, por supuesto, procederás a destruir todo el mundo... o lo que queda de él.

 

—¿Y eso no te da miedo?

 

—Claro que no. Ése es mi sueño, la destrucción de todo. Un final para esta decadencia. ¿Te das cuenta de que hubo un tiempo en que había más de tres mil millones de habitantes en este planeta? ¡Y ahora hay menos de tres mil! Menos de tres mil, encerrados en estos Domos, prisioneros gracias a los errores de sus padres, que envenenaron no sólo el mundo exterior sino también el espacio abierto en su intento de transformar el orden atómico del universo. La humanidad está virtualmente extinta; lo único que harás tú será acelerar el final.

 

—Pero ¿no podríamos ir hacia atrás, a otro tiempo, en el Viajero? —preguntaba ella.

 

—¿Hacia atrás a qué tiempo? El continuum es invariable; un acontecimiento conduce inexorablemente a otro, eslabones todos de una cadena que nos conduce al presente y a su inevitable fin de destrucción. Contamos con una supervivencia individual temporal, sí, pero de ninguna finalidad. Y ninguno de nosotros está capacitado para vivir en un ambiente más primitivo. De modo que quedémonos aquí y extraigamos todo lo que podamos de este momento. Mi alegría es ser el único poseedor y usuario del Viajero. En cuanto a la tuya, Juliette...

 

El Abuelo siempre se reía entonces. Ambos se reían, porque sabían cuál era la gran alegría de ella.




Juliette mató su primer juguete cuando tenía once años. El Abuelo se lo había traído como un regalo especial, de algún lugar del Pasado. Pero el obsequio no quería cooperar, y ella perdió la calma y lo golpeó con una barra de acero. De modo que el Abuelo le trajo otro juguete un poco mayor, y éste cooperó estupendamente; pero al final ella se cansó, y un día, también se deshizo de él.

 

Por supuesto, el Abuelo se enteró. Fue entonces cuando la bautizó Juliette; y a partir de entonces le trajo muchos juguetes que ella guardaba detrás de los espejos en su dormitorio.

 

Siendo invisible, podía encontrarle casi cualquier cosa en sus viajes; todo lo que tenía que hacer era utilizar un aturdidor y transportarlos de vuelta. Por supuesto, cada juguete tenía que ser descontaminado muy cuidadosamente; el Pasado pululaba de extraños microorganismos. Pero una vez los juguetes se habían vuelto adecuadamente antisépticos eran entregados. Siempre era delicioso ese momento de anticipación antes de que llegara uno nuevo.

 

¿Cómo sería? ¿Sería joven o viejo, salvaje o domesticado? Los había tenido de todo tipo, y cada posible combinación. A veces los mantenía vivos durante días antes de cansarse de ellos. En otras ocasiones deseaba que todo ocurriera muy rápidamente; esta noche, por ejemplo, sabía que se sentiría apaciguada tan sólo por la acción más directa.

 

Una vez se hubo dado cuenta de esto, Juliette dejó de jugar con sus paneles de espejos y se dirigió directamente donde guardaba el cuchillo. Sí, aún seguía allí. Ahora sabía lo que iba a hacer: llevaría el juguete con ella a la cama y luego, precisamente en el momento adecuado, combinaría sus dos grandes alegrías.

 

Se estremeció de anticipación; luego de impaciencia.

 

¿Qué clase de juguete sería? Recordó aquel otro, suave y frío, Benjamín Bathurst, un diplomático inglés del tiempo que el Abuelo llamaba las Guerras Napoleónicas. Y luego a la aviadora norteamericana, de un poco después en el Pasado; y también uno de los regalos más especiales: toda la tripulación de un velero llamado María Celeste. ¡Le habían durado semanas!




Sorprendentemente, en ocasiones había llegado incluso a leer cosas sobre sus juguetes después. Porque cuando el Abuelo se acercaba a ellos con su aturdidor y los traía, desaparecían para siempre del Pasado, y si de alguna forma eran conocidos o importantes en su tiempo, tales desapariciones eran notadas. Así, algunos de los libros relacionaban «misteriosas desapariciones» que ocurrían de tanto en tanto y que, por supuesto, nunca eran explicadas.

 

Juliette palmeó la almohada, ahuecándola, y volvió a dejarla en su sitio, deslizando debajo el cuchillo. Ya no podía esperar más; ¿qué era lo que lo estaba entreteniendo? ¿Por qué no llegaba aún su juguete?

 

De pronto, la voz de su Abuelo le llegó desde el altavoz.

 

—Querida, te envío una pequeña sorpresa.

 

Eso era lo que decía siempre; formaba parte del juego. Juliette soltó el mando del comunicador.

 

—Me muero de la curiosidad —dijo—. Dime cómo es.

 

—Es un inglés. De la época victoriana. Muy formal y educado, por lo que parece.

 

—¿Joven? ¿Guapo?

 

—Aceptable.

 

El Abuelo dejó escapar una risita.

 

—¿Quién es, alguien de los libros?

 

—Ignoro su nombre. No encontramos identificación durante la descontaminación. Pero por sus ropas y modales, y el pequeño maletín negro que llevaba cuando lo descubrí a primeras horas de esta madrugada, calculo que debe de ser un médico regresando de alguna llamada de urgencia.

 

Juliette sabía lo que eran los médicos por sus lecturas, por supuesto; como sabía lo que significaba «Victoriano». De algún modo, la combinación parecía correcta.

 

—¿Formal y educado? —rió ella.

 

El Abuelo rió también.

 

—Tienes algo en mente, estoy seguro.

 

—Sí.

 

—¿Puedo observar?

 

—No esta vez.

 

—Muy bien.

 

—No te enfades. Te quiero.

 

Juliette cortó la comunicación. Justo a tiempo, porque la puerta se estaba abriendo, y el juguete entró.

 

Ella lo miró, dándose cuenta de que el Abuelo había dicho la verdad. El juguete tendría unos treinta y tantos años, atractivo pero no guapo. No podía serlo, enfundado en aquel traje oscuro y con aquellas ridiculas patillas. Había algo casi deprimentemente refinado en él.

 

Un victoriano enrojeciendo, con la constitución de un toro ¡e ignorante de que aquél era su matadero. Era tan divertido que ella no pudo dominarse; avanzó inmediatamente y lo rodeó con sus brazos.

 

—¿Quién, quién es usted? ¿Dónde estoy?

 

Las preguntas habituales, formuladas de la forma habitual. Normalmente, Juliette se hubiera divertido dando respuestas evasivas destinadas a desconcertar. Pero esta noche sintió una impaciencia que no hizo más que aumentar cuando abrazó al juguete. Este empezó a respirar pesadamente, reaccionando, pero seguía desconcertado.

 

—Dígame, no comprendo. ¿Estoy vivo? ¿O esto es el cielo?

 

Ella se tendió de espaldas.

 

—Estás vivo, querido —murmuró—. Maravillosamente vivo. Pero mucho más cerca del cielo de lo que piensas.

 

Y para probar esa afirmación, su mano libre se deslizó bajo la almohada y buscó a tientas el cuchillo.

 

Pero el cuchillo ya no estaba allí. De alguna forma, había hallado el modo de abrirse camino hasta la mano del juguete. Y el juguete ya no era formal y educado; su rostro era como algo surgido de una pesadilla. Sólo un atisbo, antes de que el cegador destello de la hoja se abatiera sobre ella, una y otra y otra vez...




La habitación, naturalmente, era a prueba de ruidos. No descubrieron lo que quedaba de ella hasta pasados varios días. Allá en Londres, tras el último y misterioso crimen cometido a primeras horas de la madrugada, jamás se encontró a Jack el Destripador.




36 comentarios:

  1. Uy genial historia. El cazador fue cazado. Te mando un beso

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  2. Magnífico y terrorífico cuento, con la fórmula del cazador cazado.
    La habitación que tenía para su macabro pasatiempo se convirtió en una trampa mortal para Juliette.

    Robert Bloch es un escritor de El Círculo de Lovecraft. Y una de sus novelas fue adaptada a la película Psicosis.

    El cuento tiene una continuación en El merodeador en la ciudad al borde del mundo, un cuento de Harlan Ellison. Un cuento muy gore.

    Buena elección para este viernes.

    Besos hacia tu noche.

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  3. Increíble, es buenísimo, las imágenes se suceden y se hace corto.
    No suelo leer cosas así, pero creo me lo pensaré en adelante.

    Si me permites y fuera del horario que has establecido lo escribo y lo publico en breve.

    Un abrazo, Tiffany, excelente propuesta

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    1. Hola!!! Claro que puedes hacerlo 💜 me encanta que te hayas sumado 🎃

      Un abrazo!!!

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  4. Maravilloso el maestro Robert Bloch. No conocía este lugar tuyo pero me gustara venir. Y quizás suba ese día un cuento, silo encuentro, porque ya lo subí hace tiempo y borre una gran parte del blog.


    Erik

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    1. O cambio de una jodida vez el teclado o martilleo la barra espaciadora que funciona cuando quiere.

      Salud

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    2. Jajaja el teclado del terror 🎃 bienvenido Erik a Plegarias en la Noche

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  5. Es magnifico, he empezado a leerlo rápido porque he visto que era largo (y siempre ando con prisas) pero me he ido deteniendo para disfrutar su lectura, volveré el viernes preparada para seguir. Un abrazo

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    1. Tienes que leerlo con más calma Ester que sino te perdés todo lo bueno 🎃

      Un abrazo!!!

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  6. Mi preciosa hace tiempo que he tenido que estar ausente,
    ultimamente mi blog da error en comentarios,
    hasta en mi mismo blog ...


    Te dejo por ahora un abrazo que estes bien
    en cuanto mire que pasa, te comento mejor o desde el móvil
    llevo ya dos meses así y nada sigue con ese error

    Preciosas propuestas y relato como tú.

    Pasa un bonito día

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    1. Oh amiga que lastima pero seguro que es error de Blogger o de Google, fijate con otro navegador.

      Un besote!!!

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  7. Me encanto el cuento creo que tiene algo que te tiene enganchado hasta terminarlo. Enhorabuena a su autor y felicidades a ti por hacer este Octubre tenebroso ajja. Un besazo.

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    1. Un gran autor y gracias a vos preciosa por ser la primera en sumarse a esta iniciativa 💜

      Un besazo!!!

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  8. Muy bueno!!! Me encantó tu propuesta y este relato que dejaste.

    Beso escalofriante y que tengas un excelente fin de semana.

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    1. Me alegra que te haya gustado Pau 💗

      Besos escalofriantes para vos también 🎃

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  9. ¡Hola!
    Menudo final, no me lo esperaba para nada y me ha encantado. Juliette al final parece que se topó con alguien igual a ella. Y que mal rollo pensar que el mundo pueda llegar a tener un final así de horrible...
    ¡Un besito!

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  10. Qué buen final! El cazador cazado, totalmente. Me ha encantado.
    Besotes!!!

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  11. Nice chilling story, first time I've read about it
    or a plot like this.

    Ann
    https://roomsofinspiration.blogspot.com/

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  12. ¡Hola Tiffany!
    Vaya sorpresa se llevó la pobrecilla Juliette🤯
    Me ha dejado fría el horror genuinamente logrado en esta historia, consigue meternos de lleno en la historia, y con una ingeniosa trama con impactante sorpresa final.
    Un abrazo!

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  13. me gustó el hecho de que el escritor armara el argumento de su relato con las personas reales de las que no se sabe qué pasó con ellas en su propio espacio-tiempo histórico.

    en el mundo del ajedrez tenemos por ejemplo al ajedrecista polaco rotlewi quien luego de quedar en cuarto lugar en el gran torneo de carlsbad de 1911, dejó las competiciones por un problema de tipo mental y a través de los años se le llegó a rastrear algunas partidas que jugó hasta el año 1917 más o menos y dándosele por muerto "oficialmente" en 1920, pero que nunca se le halló tumba alguna.

    un relato inquietante el de robert bloch como tiene que ser.

    un beso.

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    1. Hay muchos autores que toman ese tipo de personajes para sus narrativas, si te pones a curiosear te vas a tomar con un montón ;)

      Un beso

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  14. Hola, Tiffany.
    Te he ido leyendo, más bien, te he visto nombrada en algunos blogs y la curiosidad me ha traído aquí, aunque creo que ya estuve alguna vez.
    Inquietante esta historia, la verdad, y te agradezco el aporte que he disfrutado con esos giros así como ¡¡uffa!! si se me permite la expresión.

    Me gustaría poder participar en alguna ocasión y por lo que he leído, no hay más regla que la de publicar en fecha y hora y mención a tu blog. Pues no te apures, si tengo tiempo, participaré.

    Un placer llegar hasta aquí.
    Un beso.

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  15. Hola Tiffany, es una gran historia, la he disfrutado mucho. Me gusta Robert Bloch, y este relato corto no lo conocía todavía. ¡Gracias por compartirlo! ¡Abrazos!

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  16. Hola Tiffany, murinus2009 aquí.

    Que buena historia! me gustó mucho! Gracias por compartirla Tiffany!

    Debo decir que al principio pensé que sería sobre algún juguete maldito o algo así, pero conforme avanza la historia, toda la ambientación, ese mundo de pesadilla, decadente, con una humanidad consumiéndose poco a poco hasta su final, en verdad da horror el imaginarlo, luego los personajes: el abuelo, Juliette, la posible identidad de los primeros "juguetes" ah! Y cuando llega ese, Caballero Victoriano, JAJA! hubieras visto mi sonrisa Tiffany! y como se me iluminaron los ojos porque intuí la identidad del " pobre juguete" y dije ay! Juliette, pobre de ti! Ahhh! Fue Genial! (Por suerte traía cubrebocas o la gente se habría quedando viendo mi risa y pensando: Ay! Un loco! Ja jajaja.
    Que buena! buena historia! gracias otra vez por compartirla Tiffany!

    De Robert Bloch, solo escuché alguna vez (en radio) su cuento, El Vampiro Estelar, me gustó y sabía de su novela, Psicosis. Es todo, parece que me pierdo buen material de este escritor del círculo de Lovecraft.
    Me uno también a querer leer la posible continuación de esta historia hecha por Harlan Ellison que menciona @ El Demiurgo De Hurlingham.

    Por cierto quienes lo deseen pueden pasar al blog:
    Archivosdelostracismo.blogspot.
    A leer el cuento de la INICIATIVA Leeme Un Cuento, se llama:
    El Trepador De Iglesias.

    De nueva cuenta muchas gracias por compartir el cuento de hoy Tiffany, en verdad me gustó mucho! hace tiempo no me entusiasmaba tanto al leer una historia.

    Que Estés Genial Tiffany.

    Nos vemos pronto.


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    1. Jajaja el milagro de los cubrebocas 🤣 me alegra que te haya gustado yo también alucine cuando lo leí 😍 hice bien en compartirlo jeje

      Saludos

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  17. Que tal Tiffany!
    esta epoca es fabulosa para los amantes de la noche, la luna y la oscuridad. Tu blog es maravilloso y yo te deseo una noche terrorifica 。・:*:・゚★,。・:*:・゚☆

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  18. Hola Tiffany :) recién me pongo al día con este cuento y me ha gustado muchisimo. Tremendo giro final, no me lo habría esperado! Juliette probó de su propia medicina.

    Excelente relato, me mantuvo expectante hasta el final. Un abrazo ^^!

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