domingo, 18 de octubre de 2020

HELLRAISER


Hellraiser es una película británica de terror estrenada en 1987, escrita y dirigida por Clive Barker, y basada en su propia novela titulada The Hellbound Heart. Se la considera tanto una película de culto como un clásico del género.


La película explora temas como el sadomasoquismo, la relación entre el dolor y el placer, y la moralidad de personajes sometidos al temor y la tentación. Es la primera entrega de una saga que llega hasta el año 2018 y presenta al personaje Pinhead, el cual pronto se convirtió en un icono del Cine de terror.


Hellraiser (1987)


Frank Cotton (Sean Chapman), un hombre joven y ambicioso, adquiere una misteriosa caja negra que procede de un bazar oriental. La caja no es lo que parece ya que, una vez a solas en casa, Frank descubre que ésta tiene poderes mágicos y que permite la entrada a unas extrañas criaturas llamadas cenobitas procedentes de otra dimensión. Éstas son mucho más terribles y violentas de lo que imaginaba y finalmente acabarán con la vida de Frank y volverán a su mundo llevándose consigo la caja negra.


Veinte años después, Larry Cotton (Andrew Robinson) acompañado por su esposa Julia (Clare Higgins) y su hija, Kirsty (Ashley Laurence), se muda a esta vieja casa. Allí descubren a una horrible criatura escondida en lo más alto de la casa, que resulta ser Frank, el hermano de Larry y también ex-amante de Julia. Después de haber perdido cuerpo atacado por los cenobitas, Frank podrá volver a su antigua forma gracias a la sangre. Julia le proporcionará esta sangre sin que nadie se entere, para que Frank logre completar su cuerpo de nuevo, pero los cenobitas no estarán nada contentos con esta decisión…


Hellbound: Hellraiser II (1988)


La joven Kirsty Cotton (Ashley Laurence) es llevada a un psiquiátrico para intentar olvidar y superar la muerte de su familia. En el sanatorio coincide con el Doctor Channard (Kenneth Cranham) y su asistente, Kyle MacRae (William Hope), quienes la entrevistan para saber qué ha ocurrido realmente. Kirsty se encuentra aún algo aturdida por lo que presenció, ya que los Cenobitas despellejaron a sus padres y quiere advertir de la existencia de estas terribles criaturas. El Doctor Channard es un inteligente y poderoso hombre que esconde oscuros secretos y que encuentra en Kirsty la pieza clave que necesita para encontrar la puerta que le lleve al infierno.


Resucitando el cadáver sin piel de la madrastra de Kirsty, Julia (Clare Higgins), el Dr. Channard logra abrir una puerta a una dimensión oculta para que Julia, el Doctor Channard, Kristy y su amigo mudo, Tiffany (Imogen Boorman), pasen a través de ella y sean testigos de las luchas de poder entre los nuevos condenados.


Hellraiser III. Infierno en la Tierra (1992)


Joey Summerskill, un periodista, presencia en un hospital la horrible muerte de un joven que llevaba cadenas hundidas en su cuerpo. Junto al chico se encontraba Terry, a la que Joey entrevista para sacar más información. Posteriormente, entre ellos empieza a surgir una relación sentimental a la par que deciden investigar el porqué de la muerte del amigo de Terry, que podría estar en una caja negra.


Joey y Terry se van a la tienda de arte de la que podría haber salido la sospechosa caja negra, pero se encuentra que lleva cerrada tiempo. Tras forzar la puerta, descubren en el historial que la caja fue enviada desde un hospital psiquiátrico, donde seguirán la pista que les llevará a conocer el verdadero terror que guarda la caja.


Hellraiser IV: El final de la dinastía sangrienta (1996)

Año 2127. El doctor Merchant, a bordo de una estación espacial, se prepara para cumplir una misión decisiva: acabar con los cenobitas, cerrando para siempre las puertas del infierno. Desde que un antepasado suyo del siglo XVIII construyera el cubo infernal conocido como la Configuración de los Lamentos, varias generaciones de los Merchant han sufrido la maldición de los cenobitas y su diabólico enviado, Pinhead. Pero, ahora, el doctor Merchant ha creado un instrumento que anula los poderes de la Configuración de los Lamentos. En las profundidades del espacio, se acerca la confrontación final con Pinhead.

Hellraiser V: Inferno (2000)

Un detective de Los Ángeles se ve involucrado en un mundo terrorífico de asesinatos, sadismo y locura cuando resuelve el enigma que libera al demonio Pinhead. Cuando todos los que le rodean empiezan a morir decide acabar el mismo con el demonio y así intentar recuperar su vida.


Hellraiser VI: Hellseeker (2002)

El terrorífico demonio Pinhead y sus malvados seguidores regresan a la Tierra para trazar un plan casi perfecto y desencadenar el Apocalipsis en el mundo. Sin embargo, Pinhead no cuenta con Kirsty Cotton, la única persona que se ha enfrentado a él y ha conseguido derrotarlo en el pasado. La joven tendrá en sus manos salvar a la humanidad.


Hellraiser VII: Deader (2005)


Cinco jóvenes fanes de Hellraiser asisten al funeral de Adam, un amigo quien se suicidó. Todos afirman que el hecho no ha tenido nada que ver con jugar a Hellworld, un juego de internet cuyo fin es abrir la Caja de Lemarchand. Pasan dos años y los cinco jóvenes se reúnen en una fiesta cuya invitación se consigue ganando Hellworld. Ya allí el anfitrión los invita a mostrarles la sombría casa donde toma lugar la fiesta. Una vez en el sótano, dos de ellos beben licor, otro toca una baraja con imágenes de Hellraiser y una tercera se rocía un perfume que le hace arder la piel.


Uno a uno comienzan a morir, asesinados por Pinhead, pero lo que realmente sucede es que los cinco han sido drogados y enterrados vivos con un celular en sus ataúdes. Su captor, el padre de Adam, los culpa por la muerte de su hijo y a través del celular de sus ataúdes aterroriza sus mentes mientras las drogas que les administró hacen efecto. Para el final solo dos son desenterrados vivos por la policía.


En un motel lejano, el padre de Adam abre la Caja de Lemarchand y es descuartizado por los Cenobitas mientras proclama que todo aquello no es real. Tiempo después, los dos supervivientes conducen por la ruta cuando de repente el padre de Adam aparece en el asiento trasero e intenta que choquen moviendo el volante. El conductor frena y cuando voltean el padre de Adam no está.


Hellraiser VIII: Hellworld (2005)


Un grupo de jóvenes están totalmente fascinados por la última entrega del videojuego Hellraiser, tanto que crean una página web propia como homenaje "Hellword.com" que además imita la configuración Lamet del ciberespacio. La muerte de su amigo un año antes en extrañas circunstancias relacionada con el juego está totalmente olvidada.


Sin embargo, el mítico Pinhead (Doug Bradley) no está nada conforme con esta imitación, de modo que atraerá a los jóvenes a una supuesta fiesta para los fans en las que tomará represalias contra ellos. Los jóvenes no saben que pasarán por una experiencia terriblemente traumática en la que experimentarán las más atroces fantasías y torturas por mano de Pinhead.



Hellraiser: Revelations (2011)


En esta nueva entrega de la clásica saga de terror, Pinhead vuelve a sembrar el pánico y a regar las calles con la sangre de sus víctimas. Dos amigos, que se encuentran viviendo la juerga de sus vidas en México, encuentran el peligroso rompecabezas. Ignoran su contenido y su funcionamiento, pero el alcohol y la diversión les empujan a averiguar qué es lo que esconde la misteriosa caja. Descifran la caja y lo que hacen es abrir la puerta del infierno.


Los amigos desaparecen, y su familia, angustiada, sale en su búsqueda, pero en su lugar, lo que van a encontrar es el terror y la muerte encarnada por Pinhead (Stephan Smith Collins) y todos los demonios que lo acompañan.

Hellraiser: Judgment (2018)


La historia sigue a tres detectives: los hermanos Sean y David Carter (Damon Carney y Randy Wayne), y su nueva compañera Cristine Egerton (Alexandra Harris), quienes investigan el caso de un asesino en serie que mata basándose en los 10 mandamientos. El caso los lleva al 55 de Ludovico Place, una casa abandonada donde encuentran una extraña caja-rompecabezas que abre la puerta a un inframundo lleno de tortura y horror: El mundo de los cenobitas.


El 6 de mayo de 2019 se anunció oficialmente que Spyglass Media Group está desarrollando un reboot de Hellraiser con David S. Goyer escribiendo el guion y también produciendo la película junto a Keith Levine con el estudio Phantom Four, Gary Barber y Chris Stone de Spyglass supervisarán el proyecto que espera regresar a la franquicia a los cines.

viernes, 16 de octubre de 2020

Bebe mi Sangre


Cuando los vecinos de la manzana se enteraron de la composición que había escrito Jules, decidieron definitivamente que el muchacho estaba loco. Hacía tiempo que lo sospechaban.
Su mirada inexpresiva hacía estremecer a la gente. Y ese modo de hablar, áspero, gutural, no parecía normal en cuerpo tan frágil. La palidez de su piel asustaba a más de una criatura; parecía colgar suelta sobre la carne. Jules odiaba la luz del sol. Y sus ideas resultaban un poco fuera de lugar para la gente que vivía en la misma manzana. Jules quería ser un vampiro.


Se tenía por cierto que había nacido en una noche tormentosa, mientras el viento arrancaba los árboles de raíz. Decían que al nacer tenía tres dientes, y que los usó para prenderse al pecho de su madre, sacándole sangre junto con la leche. Decían que al oscurecer ladraba y reía en su cuna. Que caminó a los dos meses, y que se sentaba a mirar la luna en las noches claras. Eso decía la gente.

Los padres estaban muy preocupados por él. Como era hijo único, repararon de inmediato en sus rarezas. Al principio lo creyeron ciego, pero el médico les dijo que se trataba sólo de una mirada vacía. También dijo que Jules, dado el gran tamaño de su cabeza, podía ser un genio o un idiota. Resultó ser idiota.
Hasta los cinco años no pronunció una palabra. Entonces, una noche, al sentarse a la mesa, dijo: «Muerte».
Sus padres se sintieron confusos, entre la alegría y el disgusto. Finalmente encontraron el punto medio entre ambos sentimientos, y decidieron que Jules no debía saber qué significaba esa palabra. Pero Jules lo sabía. A partir de aquella noche, desarrolló un vocabulario tan amplio que cuantos lo conocían quedaban atónitos. No sólo aprendía de inmediato cuantos vocablos escuchaba, los que leía en los carteles, en las revistas y en los libros: además inventaba sus propias palabras. Como sensanoche o matamor. En realidad, eran varias palabras mezcladas y fundidas, y expresaban cosas que Jules sentía, sin que le fuera posible explicarlas con otro vocabulario.
Solía sentarse en el porche mientras los otros niños jugaban a la rayuela o a la pelota. Miraba fijamente la vereda, y creaba sus palabras. Hasta la edad de doce años, Jules no buscó ningún tipo de problemas. Hubo, por cierto, una vez en que lo encontraron desvistiendo a Olivie Jones en un callejón, y en otra oportunidad lo descubrieron disecando un gatito en su propia cama. Pero transcurrieron varios años entre uno y otro episodio, y aquellos escándalos cayeron en el olvido.
En general, durante toda su infancia no hizo nada peor que resultarles desagradable a quienes lo conocían. Asistía a la escuela, pero nunca estudiaba. Tardaba dos o tres años en aprobar cada grado. Todos los maestros lo conocían por su nombre de pila. En algunas materias, tales como lectura y redacción, era casi brillante. En otras, en cambio, no tenía remedio.
A los doce años, un sábado, Jules fue al cine a ver Drácula. Cuando la película terminó, salió convertido en una masa de nervios palpitantes. Volvió a su casa y se encerró en el baño durante dos horas. Por mucho que los padres golpearon la puerta y gritaron sus amenazas, no salió. Finalmente apareció, a la hora de la cena, con un vendaje en el pulgar y una expresión satisfecha.
A la mañana siguiente fue a la biblioteca. Era domingo. Durante todo el día aguardó a que abrieran el lugar, sentado en los escalones. Al fin volvió a su casa. Pero a la mañana siguiente, en vez de ir a clase, volvió a la biblioteca. Entre los estantes de libros localizó el tomo de Drácula. No podía retirarlo en préstamo, pues no era socio; para asociarse tenía que presentarse con el padre o la madre. Por lo tanto, se limitó a esconder el libro en el pantalón, y se marchó sin devolverlo.
Fue al parque, y allí se sentó a leer. Ya era de noche cuando terminó. Entonces volvió a empezarlo, mientras volvía a la casa, leyendo a la luz de las lámparas. De todos los reproches que se le hicieron por haberse salteado la comida y la cena, no oyó una palabra. Comió, fue a su cuarto y terminó el libro por segunda vez. Cuando le preguntaron de dónde lo había sacado, respondió que lo había encontrado en la calle. Pasaron varios días. Jules leyó aquella historia una y otra vez, y no volvió a la escuela.


Por las noches, cuando el sueño y el cansancio lo vencían, la madre llevaba el libro a la sala para mostrárselo al esposo. Una noche notaron que Jules había subrayado ciertas frases con ideas temblorosas: Los labios estaban rojos de sangre fresca, el surco había corrido por su barbilla, manchando la pureza de su mortaja, o Cuando la sangre comenzó a manar, me tomó las manos con una sola de las suyas, sujetándolas con fuerza; con la otra me impulsó por el cuello, oprimiendo mis labios contra la herida.
Cuando la madre vio aquello, arrojó el libro a la basura. A la mañana siguiente, Jules descubrió la falta del libro, lanzó un grito y retorció el brazo a su madre hasta que ella le dijo dónde lo había escondido. El muchacho corrió al sótano y escarbó entre las montañas de desperdicios hasta encontrar su libro. Con las manos y las muñecas sucias de borra de café y clara de huevo, volvió al parque y leyó nuevamente el volumen.
Durante todo un mes, no hizo sino leerlo ávidamente. Por último, llegó a conocerlo tan bien que lo descartó: le bastaba con pensar en él.
Los boletines de la escuela denunciaban sus constantes ausencias, y la madre le gritó. Por lo tanto, Jules decidió retornar por un tiempo. Quería escribir una composición. Un día la escribió en clase. Cuando todo el mundo hubo terminado, la maestra preguntó quién quería leer su composición en voz alta, y Jules levantó la mano. Fue toda una sorpresa para la maestra, pero se dejó llevar por la piedad y por el deseo de alentarlo. Le tomó la pequeña barbilla con una sonrisa, diciendo:

—Muy bien. Atención, niños, Jules nos va a leer su composición.

Jules se puso de pie, excitado. El papel le temblaba en las manos. Leyó.
 —Mi ambición, por...

—Pasa al frente, querido.

Jules pasó al frente de la clase. La maestra sonreía con afecto. Volvió a empezar.

—Mi ambición, por Jules Drácula.

La sonrisa de la maestra se desvaneció.

—Cuando crezca, quiero ser vampiro.

Los labios de la maestra se curvaron hacia abajo, y sus ojos se dilataron.

—Quiero vivir eternamente, y arreglar cuentas con todo el mundo, y convertir en vampiros a todas las muchachas.

—¡Jules!

—Quiero tener un aliento hediondo, que huela a tierra muerta, a criptas y a dulces ataúdes.

La maestra se estremeció. Sin poder creer en lo que oía, crispó una mano sobre el pizarrón. Los niños estaban boquiabiertos. Se oían algunas risitas, pero no entre las niñas, por cierto.

—Quiero que mi cuerpo sea frío, y mi carne esté podrida. Quiero tener sangre robada en las venas.

—Con eso basta, Jules —dijo la maestra.

Jules siguió hablando, en un tono cada vez más alto y desesperado.

—Quiero hundir mis dientes blancos, terribles, en el cuello de las víctimas. Quiero que...

—¡Jules! ¡Vuelve a tu asiento inmediatamente!

—Quiero que se claven como navajas en la carne y en las venas —leyó Jules, en tono feroz.

La maestra se levantó de un salto. Los niños temblaban. Ya no había risitas.

—Y después, cuando los retire, la sangre manará abundante en mi boca, me correrá cálidamente por la garganta y...

La maestra lo tomó por el brazo. Jules se desasió y escapó hasta un rincón. Allí, parapetado tras un banquito, gritó:

—¡Y sacaré la lengua, y deslizaré los labios por la garganta de mis víctimas! ¡Quiero beber sangre de mujer!

La maestra se lanzó en arremetida, sacándolo a la rastra de su rincón. Jules se defendió a zarpazos, y gritó durante todo el trayecto hasta la oficina del director:

—¡Esa es mi ambición! ¡Esa es mi ambición! ¡Esa es mi ambición!

Fue horrible.

Con Jules encerrado en su cuarto, la maestra y el director celebraron una reunión con los padres, relatando la escena en tonos sepulcrales. En todas las casas de la manzana se discutía el mismo tema. Los padres, al principio, se negaron a creerlo, tomando la historia como invención de los niños. Pero acabaron por pensar que, si los chicos eran capaces de inventar tales cosas, habían estado criando a verdaderos monstruos. Y optaron por creerlo.
Después de aquel episodio, todos observaban a Jules con mirada de gavilán. Evitaban el contacto con él. Los padres apartaban a sus hijos cuando lo veían aproximarse, y por todas partes corrían leyendas sobre él. Hubo más partes de ausencias escolares. Jules comunicó a su madre que no volvería a la escuela, y nada pudo hacerlo cambiar de idea. Jamás volvió. Cada vez que los funcionarios de inspección escolar visitaban su casa, Jules escapaba por los techos.

Y así pasó un año.

Jules vagaba por las calles en busca de algo, sin saber qué. Lo buscó en los callejones, en las latas de basura y en los terrenos baldíos. Lo buscó por el este, por el oeste y en el medio. Y no podía encontrarlo.
Pocas veces dormía, y nunca hablaba. Se pasaba los días con la mirada gacha. Olvidó todas las palabras de su invención. Hasta que al fin...
Un día, en el parque, Jules pasó por el zoológico. Frente a la jaula del murciélago vampiro, una corriente eléctrica pareció atravesarle el cuerpo. Los ojos se le dilataron, y sus dientes descoloridos lucieron en una sonrisa. A partir de aquel día, Jules volvió diariamente al zoológico, para contemplar al vampiro. Hablaba con él, llamándole conde. En el fondo de su corazón, lo consideraba en verdad como un hombre que había cambiado de forma.


Robó otro libro de la biblioteca, donde se describía toda la vida salvaje. Encontró la página donde se hablaba del murciélago vampiro, la arrancó, y descartó el resto del libro. Aprendió de memoria aquel trozo. Aprendió cómo hace el murciélago la incisión, cómo lame la sangre, tal como un gatito lame su crema, cómo camina sobre las puntas de sus alas plegadas y sobre las patas traseras, tal como una araña negra y velluda. Por qué la sangre es su único alimento.

Pasaron los meses.

Jules seguía contemplando al murciélago y hablándole. Se convirtió en el único consuelo de su vida, el símbolo de los sueños hechos realidad. Un día, Jules notó que el tejido de alambre que cubría la jaula se había aflojado en el fondo. Echó una veloz mirada alrededor. Nadie lo miraba. El día estaba nublado, y no había mucha gente en el zoológico. Jules tironeó del alambre. Se movía un poco. En ese momento, un hombre salió de la jaula de los monos. Jules retiró la mano y se alejó a grandes pasos.
Desde aquella noche, Jules esperaba a que todos le creyeran dormido, y pasaba descalzo junto al dormitorio de sus padres. Escuchaba los ronquidos del interior, y se calzaba apresuradamente para correr al zoológico. Si el guardián no estaba cerca, Jules tironeaba del alambre, que iba aflojándose cada vez más. Cuando llegaba el momento de volver a su casa, volvía a colocar el alambre en su sitio, para que nadie pudiera sospechar.
Pasaba el día entero frente a la jaula, contemplando al conde; reía entre dientes, prometiéndole que pronto volvería a estar libre. Y le contaba al vampiro todo lo que sabía. Le contaba que pensaba practicar hasta poder bajar por las paredes cabeza abajo. Le decía que no se preocupara, que pronto estaría fuera de allí. Y entonces, juntos, podrían recorrer la zona y beber la sangre de las muchachas.
Una noche, Jules quitó el alambre y se arrastró por debajo, hasta entrar a la jaula. Estaba muy oscuro. De rodillas, avanzó hasta la pequeña casilla de madera, y prestó atención, tratando de oír los chillidos del conde. Introdujo la mano por la puerta oscura, susurrando. Un aguijonazo en el dedo le hizo saltar. Con una expresión de inmenso placer, atrajo hacia sí a aquel murciélago velludo y palpitante. Salió con él de la jaula, y huyó a la carrera del zoológico y del parque, por las calles silenciosas.
La mañana avanzaba. La luz iba poniendo un toque gris en los cielos sombríos. Pero Jules no podía volver a su casa. Necesitaba un lugar donde ir. Bajó por un callejón y trepó por un cerco, sin soltar al murciélago, que lamía la sangre del dedo herido. Cruzó un patio, y entró a un pequeño cobertizo desierto. El interior estaba oscuro y húmedo, lleno de cascotes, latas vacías, excrementos y cartones mojados. Jules se aseguró de que el murciélago no pudiera escapar. Después cerró la puerta y colocó un palo a modo de traba.

El corazón le latía furiosamente, los miembros le temblaban.

Dejó en libertad al murciélago. Éste voló hasta un rincón oscuro, y allí se colgó de unas tablas. Jules se arrancó febrilmente la camisa; sus labios se estremecieron en una sonrisa demencial. Sacó del bolsillo de sus pantalones una pequeña navaja que había robado a su madre. La abrió, y deslizó un dedo sobre la hoja; el filo le cortó la carne. Con una mano temblorosa, lanzó un golpe contra su propia garganta. La sangre corrió entre los dedos.

—¡Conde! ¡Conde! —gritó, frenético de alegría—. ¡Bebe mi sangre!

Avanzó a tropezones entre las latas vacías, resbalando, mientras buscaba a tientas al murciélago. El animal se desprendió de un salto y voló, raudo, a través del cobertizo, para colgarse en el otro extremo.

Por las mejillas de Jules se deslizaron dos lágrimas.

Apretó los dientes. La sangre le corría por los hombros, por el pecho angosto y lampiño. El cuerpo entero se le estremecía, como atacado por la fiebre. Tambaleándose, se volvió hacia el otro extremo del cobertizo. Tropezó, y el borde agudo de una lata le abrió un tajo en el costado. Alargó las manos, y aferró el cuerpo del murciélago para ponérselo a la garganta. Se dejó caer de espaldas sobre la tierra húmeda y fría, y dejó escapar un suspiro. Con las manos apretadas contra el pecho, empezó a gemir, presa de náuseas.
El murciélago negro, posado sobre su cuello, lamía silenciosamente la sangre. Jules sintió que la vida se le escapaba.
Pensó en todos los años pasados. La espera, sus padres, la escuela. Drácula. Los sueños. Todo acababa allí, en esa gloria repentina.



Abrió los ojos, y el interior de aquel cobertizo maloliente dio vueltas a su alrededor. La respiración se le hacía difícil. Abrió la boca para aspirar una bocanada de aire, pero le resultó desagradable. Tosió, y su cuerpo desnudo se agitó sobre el suelo frío.
El cerebro se le iba cubriendo de neblinas, una sobre otra, como velos echados sobre él. De pronto, la mente se le iluminó con una espantosa claridad. Sintió el dolor agudo en el costado. Supo que yacía medio desnudo entre los desperdicios, dejando que un murciélago volador le bebiera la sangre. Con un grito ahogado, se irguió, arrancándose del cuello aquel bulto peludo y palpitante, y lo arrojó lejos de sí.

El animal volvió, abanicándole el rostro con las alas vibrantes.

Jules, con gran esfuerzo, se puso de pie y buscó la salida. Casi no veía. Trató de detener en parte la hemorragia, y logró abrir la puerta. Salió al patio oscuro y se dejó caer de boca sobre la hierba alta. Trató de pedir ayuda, pero sus labios no pudieron pronunciar sino un balbuceo ridículo.

Oyó el batir de alas.

Súbitamente, aquello cesó. Unas manos fuertes lo levantaron con suavidad. Su mirada agonizante se posó en el hombre alto y moreno, cuyos ojos fulguraban como rubíes.

—Hijo mío —dijo.

Autor: Richard Matheson

domingo, 11 de octubre de 2020

Gothic Fate: La Última Elegía de Lorena Amkie


Sinopsis

Maya recorre las calles de París con el corazón roto, buscando sentido a su existencia. Mientras tanto, la tormenta que se anuncia desde Gothic Doll  y Gothic Soul, se acerca hasta Maya con la amenaza de destrozar toda posibilidad de amor, de anhelo, de vida. Irónicamente, la tempestad también está cargada de una esperanza que ella ignora. ¿Cuál será su destino como vampira inmortal?

Estando viva me sentía muerta… y ahora que estoy muerta, apenas estoy empezado a vivir…”


Opinión Personal

Llegamos al final de esta trilogía, si gustan leer sobre de que trata estos libros pueden hacer click AQUÍ para leer la anterior reseña.

Este año me paso algo curioso con las sagas y las trilogías, que fue que me gusto más el segundo libro (me paso con la saga de Una Corte de Rosas y Espinas). Pero no voy a negar que fue un final de lo bastante entretenida y no me decepciono como fue el primer libro.

En este libro se centra más en Mael, Abel y por supuesto Maya. El final del segundo libro Abel descubre que Maya está viva, pero  ese descubrimiento tiene sus consecuencias, Abel queda muy mal herido por el ataque de Ivan, y Mael no le alcanza la sangre para poder salvarlo, gracias a eso Abel queda en manos de Kurt unos de los inmortales subterráneos que engaño también a Maya, un vampiro de no fiar. Hasta Mael fue engañado por él, pensando que iba a salvar a Abel, si lo salva, pero lo deja con una deformidad en su rostro. Hay algo que no me entraba en la cabeza sobre esto, Abel en su mortalidad sabia muchas cosas de vampiros, se supondría que a esta altura un vampiro se cura de sus heridas tomando abundante sangre, pero bueno. Abel siendo mortal o inmortal me sigue pareciendo un verdadero fastidio 😣 Kurt decide tenerlo de rehén para encontrar a Maya y Ottavia para que Sabine le entregue la sangre antigua, sangre que no tienen ni idea que hace. Solo suponen que los harán como “los super vampiros”.

En cuanto a Mael, quiere componer todo el desastre que hizo por esa posesión que tienen los vampiros antiguos hacia sus discípulos (típico de vampiros 😆). Mael es un vampiro que me hubiera caído bien, pero no. Le falta ese algo al personaje, que diga wow. Y la parte que vuelve su antiguo amor, se me hizo predecible. Como les contaba al final de la anterior reseña lo de Mateo y Ottavia, que iba a pasar algo con ellos dos, así fue. Pero ese algo, hizo que Maya se pusiera celosa, no por el lado de Mateo, sino por Ottavia que la ve como su pequeña hija-amiga. Fue así que conoce a unos personajes bastantes particulares y que me encantaron un montón “Los Fantasmas de Versalles”, son tres vampiros que pertenecían a la corte de María Antonieta y siguen vistiéndose como en esa época, muchos de los vampiros se sitúan a los siglos, pero ellos no. La verdad les soy sincera, estos vampiros salvaron la trama del libro.

El final de esta trilogía como que me gusto a medias, Ottavia se le cumplió el capricho que tanto quería, que no contare por spoiler y la verdad hubiera preferido que no, solo por capricho mío  😆 el tema de la sangre antigua fue muy inesperado su resultado, así que eso gusto. Quedaron cosas inconclusas que me gustaría un spin-off para saber más como con los vampiros franceses y Mateo, no creo que enterarse lo que le sucedió a Ottavia lo traume, sino lo que hizo.

¿Los deje con intriga con ese final? Espero que si  😈

La verdad que es una trilogía que se las recomiendo ya que si les gusta la literatura juvenil, los vampiros y los personajes que seguro te sacan una sonrisa. Son libros que deben leer.

Sobre la Autora

Lorena nació en la Ciudad de México en 1981. Su madre, una terapeuta infantil, ayudó a que desarrollara el gusto por la escritura usando técnicas con ella desde que tenía cinco años de edad. Con el apoyo de sus dos padres hacia su pasión por la lectura, Lorena escribió su primera novela a los veinte años, finalizándola hasta tener veintisiete. Inicialmente deseando estudiar Literatura o Filosofía, decidió optar por la licenciatura en Comunicación, pensando que con alguna de esas carreras no podría obtener un empleo. Trabajó en una revista por un tiempo, hasta obtener una beca por parte del Estado de México para escribir. Con ella, comenzó a dedicarse de tiempo completo a la literatura.
Lorena disfruta leer literatura juvenil, y admira a autores como Benito Taibo y Álvaro Enrigue. Durante sus días de estudiante, llegó a ser víctima de acoso escolar, una experiencia en la que años más tarde se basaría para escribir una de sus novelas.
Su primer libro, Gothic Doll, se publicó en 2011, vendió más de veinte mil copias y marcó el inicio de su primera trilogía, la cual continuó con Gothic Soul y Gothic Fate, además de Gothic More, un complemento que marcó el final de la saga en 2014. La trama, una historia sobre una adolescente vampira y su enfrentamiento a la realidad, nació de su gusto por el tema de los vampiros.
Su siguiente novela, El Club de los Perdedores, se publicó en 2015 con una gran recepción comercial. Basada en sus propias experiencias, pero también en el frecuente contacto con sus lectores, Lorena exploró temas como el acoso escolar y la búsqueda de identidad.
Además de publicar sus libros, Lorena se ha destacado por promover la lectura hacia el público joven, a través de diversos festivales y ferias, además de las redes sociales.
Desde el año 2016 Lorena crea su canal oficial en YouTube, donde se dedica a dar consejos y tips a escritores principiantes.